Muchos propietarios tratan a su perro como a su retoño humano. Carencia no asumida de un vástago. Nostalgia de la crianza de hijos pasados. Instinto maternal mutante. O algo.

Le manipulan con las manos para arriba y para abajo como si su perro no se pudiera valer por si mismo. Le consienten que duerma en su cama, encima de ellos, bien abrazaditos, venga. Le dan una dieta mediterránea para comer. Le consuelan con un tono de voz infantiloide. Los he visto incluso paseando en cochecitos de bebé. Imagina a Han Solo tratando así a Chewbacca –Chewie perdería toda su esencia desde el Episodio IV–.

Ellos, los perretes, los canes, los sabuesos, malinterpretan este trato de favor que les das. No se plantean que los tratas como a un humano en época de crianza, sino como al líder del grupo en un mundo de perros. Y ellos se acaban comportando como tal. Gruñendo y ladrando para corregirte o defender a la manada de cualquier amenaza externa. Estirando en exceso de la correa porque ellos deciden dónde vais. Volviéndose completamente antisociales. Y todo esto puede desencadenar fácilmente cierto grado de dominancia o ansiedad por separación en tu perro.

Compra un Bebé Reborn y quítale esa responsabilidad a tu amigo de cuatro patas. Trátalo cómo lo que es, un perro. Eso no quiere decir que lo trates mal, sino que lo trates acorde a la especie animal que es. Le harás la vida más fácil, él te la facilitará a ti y ambos disfrutaréis mucho más de vuestra relación. Te lo aseguro.