En la relación con tu perro tú debes dirigir el cotarro. Alguien tiene que tomar las decisiones y tú tienes más estudios y mejor currículo. Asume el puesto vacante. Se un líder para él.

Tienes que conseguir ser su referente, su superior, su líder, su Cabo I. No lo conseguirás de un día para el otro. Tendrás que ganarte su respeto diariamente, con mucha disciplina y mucho ejercicio físico, cariño y juegos. Procura mantener una actitud firme y tranquila, corrigiéndole siempre que sea necesario y las veces que sean necesarias.

Cuando tengas que corregir a tu amigo no te avances a los acontecimientos. No corrijas ninguna conducta de tu perro “antes de”.

Por ejemplo, aunque sepas que al pasar por una zona en concreto ladra de manera molesta, por el motivo que sea, no le corrijas hasta que no lo haga. No vayas pensando en que va a ladrar, y ni mucho menos le vayas advirtiendo que no lo haga unos metros antes.

Simplemente, cuando ladre de manera molesta le haces saber en ese preciso momento que no quieres que lo haga. Sin ponerte nervioso. Tú controlas.

Debes estar seguro de ti mismo en todo momento. Cuando le pidas algo o le corrijas una mala conducta, hazlo sin hablarle, con un semblante serio y firme pero relajado, y mirándole siempre a los ojos. Deja que tu cuerpo se exprese.