Al darle de comer o al acariciarle estás recompensando su actitud en ese preciso momento. Si está teniendo una actitud positiva la estarás reforzando, es bien; pero si le pillas en un momento desafortunado estarás haciendo todo lo contrario, es mal. Siempre que le des algo de comer, o le ofrezcas cariño y atenciones, asegúrate de que está en el estado adecuado.

No tengas prisa al darle algo de comer a modo de recompensa. Primero haz que te preste atención, enséñale qué tienes para él en la mano y déjaselo oler. Haz que se centre en ti y se tranquilice. Una vez en calma, dale la chuchería lentamente, marcándole que vaya despacio con la mano, con tu actitud relajada y tu mirada persuasiva (¡quítate las gafas de sol!). No se lo pidas con la voz.

Nunca hay que recompensarle con comida, cariño y caricias o una voz apaciguadora cuando se pone agresivo al cruzarse con otro perro. En ese caso, deja de caminar, quédate quieto mientras el otro perrete pasa junto a vosotros y mantén en la mano ese bocadito de pollo que tanto le gusta cerca de sus morros para que perciba el olor y se centre en ti. Usa las piernas para bloquearle y evitar que se acerque al otro perro en ese estado. Marca tu zona de confort y, si se pone muy tonto, con tranquilidad y firmeza, dale un buen mordisco en el culo.

Ofrecerle tu comida, mientras comes, puede quedar muy entrañable, bucólico y hasta campestre, pero en una manada de perretes el único que puede comer de la comida del resto del grupo es el referente, el Cabo I (¿recuerdas que eras tú?). Si le das de comer de tú comida mientras comes pagarás las consecuencias. Le estás haciendo fuerte frente a ti y, de una manera u otra, va a complicar vuestra relación tarde o temprano –te acabo de echar un mal de ojo, o algo–.

Si quieres corregir a tu amigo para que deje de pedirte comida mientras comes, cuando lo haga, reclama la mesa del comedor acercándote a él para hacerle retroceder. Hazlo en silencio, con el cuerpo sutilmente inclinado hacia adelante, usando tus piernas para marcar tu zona de confort y mirándole a los ojos. No dejes que vuelva a cruzar la línea mientras disfrutas de tu manjar. Si insiste, un buen pisotón en el suelo ayuda mucho a recordarle tu fuerza y tu posición frente a él. Procura que se mantenga a una distancia lo suficientemente amplia como para que se aburra de mirarte con cara de pena y piense que es más fructífero echar un sueño.