Antes de entrar o salir de cualquier hogar o establecimiento con tu perro, cruza la puerta antes que tu amigo. Reclama las puertas.

No entres ni salgas de cualquier habitáculo si el perro no está tranquilo. Si notas que el perro tiene prisas, o ansiedades, o nerviosismo por ser el primero en descubrir que hay al otro lado, reclama la puerta. Ponte delante de ella, con el cuerpo sutilmente inclinado hacia adelante, las piernas entre abiertas marcando tu zona de confort, mirándole a los ojos y reforzándolo con una mano indicando stop o calma. ¡Métete en el papel!

Si se acerca a la puerta, acércate tú a él bloqueándole e impidiendo que avance con las piernas. A ver quién puede más. Reclama tu espacio.

Tómate tu tiempo. No hay prisa. Hasta que no esté tranquilo no cruces la puerta. Y una vez lo hayas hecho no se la dejes cruzar a él hasta que tú se lo indiques. Si te sigue por inercia, sin tu previo consentimiento, vuelve a la posición inicial y repite el proceso.

Igual no lo consigues a la primera, ni a la segunda, pero si realizáis este ejercicio como tradición popular acabarás comprobando los resultados. A pesado no te gana nadie… ¿o quizás un animal que no sabe usar un microondas sí?