Los perros de raza pequeña no tienen mal carácter. Somos nosotros que, con nuestra sobreprotección y permisividad por su tamaño, los idiotizamos, convirtiéndolos en perros con una personalidad arisca, poco sociable y algo estúpidos. O así nos lo parece.

Pero no, esas características no son reales. Ni son ariscos, ni poco sociables, ni estúpidos de serie. Simplemente los tratamos como a líderes y ellos se toman esa responsabilidad muy en serio, no como nosotros. ¿Y qué hacen los líderes de una manada? Pues proteger y dirigir a su grupo. En este caso, tú.

Siempre tenemos una excusa para tratar a un perro de raza pequeña como a un peluche en lugar de tratarlo como a un perro, manipulándolo con las manos para arriba y para abajo, manteniéndolo en nuestro regazo cuando nos sentamos o alzándolo en brazos para protegerle de peligros, como por ejemplo, impedir que otros perros con mandíbulas más grandes los mastiquen, ¡malditos perros caníbales!

Debes tener muy presente que, todo, absolutamente todo lo que tu perro tenga debajo de sus patas habitualmente, tarde o temprano, lo va ha considerar de su propiedad. Seas tú, sea el sofá, la cama, las sillas o sus juguetes. Lo va a defender con uñas y dientes, como harías tú si quisieran desalojarte de tu hogar. Y arrebatárselo no va a ser tarea fácil.

Hazte estas preguntas, ¿sentarías a un perro de raza grande en tu regazo mientras te tomas un refresco con sombrilla en una terracita? ¿Y en el sofá de tu casa mientras ves la televisión? ¿Auparías a un enano en brazos para alcanzar algún objeto al que no llega, o se lo facilitarías acercándoselo? ¿Te hace gracia cuando un perro de raza potencialmente peligrosa gruñe a tus allegados? ¿Y por qué cuando lo hace un perro de raza toy sí? Pareces un poco hipócrita –no te lo tomes como algo personal, y reacciona–.

Trata a todos lo perros, independientemente de su raza y tamaño, de la misma manera. Igual que lo haces con las personas de diferentes razas y alturas. Deja que se relacione con otros perros, que los conozca usando su olfato. No le protejas, exponle a sus inseguridades. Y procura que nunca se acomode a tu altura, ni en una silla, ni en el sofá, ni en la cama. Y si se lo permites, que ya es mal, por lo menos, no dejes que se acomode encima tuyo, siempre a tu lado.