Que afronte miedos, fobias o situaciones complicadas para él es la única manera de que las supere.

Si a tu perro le tira para atrás caminar por algún tipo de superficie o pasar por alguna zona en concreto, si tiene miedo de otros perros u otras personas, si le provocan pavor los ruidos fuertes o no tan fuertes, o cualquier otro tipo de inseguridad que pueda tener, no le estás ayudando si le facilitas evitar o rodear el problema.

Y tampoco le estás ayudando si le consuelas para tranquilizarle con caricias y palabras amables usando una voz apaciguadora, o si le sujetas en brazos. Todo lo contrario, estás reforzando ese comportamiento. Lo mejor que puedes hacer es ayudarle a afrontarlo. Y ya.

En estas situaciones complicadas para tu perro, no le hables nunca. Es muy importante. Imagina que tu perro no ha estudiado español. Tú sabes que lo entiende perfectamente, pero imagínate que no. Procura no manipularlo con las manos y usar la correa lo menos posible, solo para enfocarlo. Mejor usa tus piernas, como si estuvieras haciendo bailes de salón con tu amigo.

Una buena opción es sugestionar su olfato para tentarlo y facilitar que avance hacia el “problema” y, de esta manera, empezar a relacionar ese escenario con una buena experiencia. En la medida que sea posible, no le empujes tú al problema. Provoca que sea él el que avance. En el caso de que se bloquee durante unos minutos, ponte detrás y usa tus piernas firmes con movimientos lentos para forzarle a avanzar. Como cuando se acaban las pilas del coche teledirigido, pero con cariño.

A medida que vaya dando pasos hacia adelante ofrécele sabrosas recompensas de pollo. Pásaselas por los morros lentamente protegiéndolas con los dedos, para que se centre solamente en ti y se olvide de todo lo demás. Dáselas poco a poco y no permitas que él las coja rápido de tus manos, sino con tranquilidad y lentitud. Tómate tu tiempo. No hay prisa.

Por muy nervioso que esté, no abandones el escenario hasta que no se haya relajado mínimamente. Demuestra que tú tienes más paciencia. Recompénsale con alguna atención por tu parte cuando esté completamente tranquilo. Y pasados unos segundos largos abandonar el escenario sin prisas.

Si conseguís abandonar el escenario con calmachicha, vuelve a recompensarle y dale unas palmaditas en el costillar, lo que vendrían a ser “dos palmaditas en la espalda” para nosotros.

No esperes mejorías en tu amigo después de realizar el ejercicio una sola vez, ni dos ni tres, sus miedos no se irán de un día para el otro, ¡ni mucho menos!, pero se irán minimizando poco a poco. Repite este ejercicio, o similares, las veces que sean necesarias para que vaya normalizando la situación o el escenario que le tiene en un sin vivir, y que seguro a ti te incomoda.