No dejes caminar a tu perro delante de ti nunca durante la hora del paseo. O a tu lado o, mejor aún, detrás.

Cuando vayas a sacar a pasear a tu amigo de cuatro patas no le animes con la voz como si le fueras a dar una fiesta (“¡vamos a la calle! ¡venga, va, va, va!”). Simplemente, cuando esté tranquilo, reclama su atención para que te siga y salir de casa con total relajo.

Durante el paseo siempre que se avance usa la combinación chasquido + dedos en forma de garra + toque físico para corregirlo. Siempre, sin excepción. Son muy de insistir así que, paciencia, no desistas.

Si usas correa porque te sientes más seguro, más cómodo, ya que no confías aún ni en ti ni en él al 100%, o porque las leyes de tu población así lo mandan, procura usarla solo como medida de seguridad, no la uses como herramienta para corregirle a base de tirones. Te recomiendo que mejor uses tu cuerpo. Tus piernas bien firmes.

Otro buen ejercicio que se puede practicar con facilidad cuando salís a estirar las patas es hacerle parar en cada paso de zebra. Aunque el semáforo esté en verde para vosotros. Una vez parado no puede volver a avanzar hasta que tú le des la orden. Si eres un bosquihumano y no tienes pasos de zebra ni semáforos a la vista toma como referencia cascadas y cocoteros.

No dejes que se pare a oler ni vaya marcando con orina mientras estáis caminando. Dale esa libertad solo antes de iniciar el paseo, o la actividad física, y una vez lleguéis a vuestro destino, o acabéis la actividad física, pero nunca durante. Intenta caminar con paso ligero y enérgico si tu perro está para aguantar el ritmo.

El objetivo siempre debe ser provocar que él te siga a ti y nunca al revés. ¡Lleva la iniciativa!