A todos nos gusta el cachondeito. Y a tu amigo de cuatro patas también. Juega con tu perro. Juega mucho. Todo lo que puedas.

Solo debes recordarle que todos los juguetes son tuyos y tú eres quién se los deja. Pelotas, muñecos con sonido perfora–tímpanos–humanos, huesos, peluches, y demás. Cuando acabe de jugar con ellos guárdalos hasta la próxima juerga en un sitio donde no los pueda alcanzar.

Cuando quieras quitarle algún juguete de la boca para volvérselo a lanzar, o recogerlo para finalizar el tiempo de juego, no le persigas para requisárselo, lo entenderá como un juego, huirá de ti y todos sabemos quién de los dos es más escurridizo. Simplemente agáchate y pídele que venga. Si no te hace ni caso, procura llevar una sabrosa recompensa de pollo en los bolsillos. Enséñasela, déjasela oler y, cuando haya soltado el juguete, recógelo y sujétalo en tus manos bien visible mientras le das una galletita una vez esté sentado y tranquilo. Hazlo siempre igual.

Tampoco le quites los juguetes de la boca estirando. Si tú estiras del juguete mientras tu amigo lo sujeta con la boca lo entenderá también como un juego, y estirará igual que tú. Simplemente sujeta el juguete en su boca con una mano y, mirándole a los ojos, con la otra mano indícale stop. Si no tiene tu opinión en cuenta, como siempre, con mucha tranquilidad, dale un toque físico con los dedos en el cuello o en los muslos de las patas delanteras. Reclama el juguete con una buena actitud, relajado pero firme.

Hazle hacer ejercicio y participa con él, te divertirás y se os hará más ameno a los dos. Camina, corre, tírale la pelota, salta, regatéatelo y, algo muy recomendable, hazle buscar juguetes que hayas escondido. Aprenden a usar el olfato y lo potencian, y ejercitan la cabeza, les hace pensar, que ha todos nos va bien.