El hiperapego es un vínculo patológico de dependencia excesiva del perro con su/s propietario/s. El perrete necesita estar de forma continua con sus responsables para sentirse aparentemente bien. Son animales que exigen atención constante de los individuos objetos del apego.

¿A qué es debido el hiperapego?

El hiperapego del perro suele surgir en la edad infantil si el cachorro es separado muy pronto de su madre, aproximadamente antes de los 45 días de edad; o demasiado tarde, aproximadamente después del tercer mes de vida. Reciben, por así decirlo, un “mal destete emocional”.

Estos perros no pasan por la ruptura de la dependencia emocional con la madre y, cuando llegan a su nuevo hogar, transfieren este sentimiento de apego hacia los propietarios, volviéndose muy dependientes de ellos y presentando un nivel de ansiedad superior a lo habitual cuando están solos.

Es de igual importancia considerar la predisposición genética de cada perro y el manejo que se da al cachorro durante las primeras semanas al llegar a su nuevo hogar, sobretodo en lo que se refiere a las actitudes de reforzar su dependencia.

Otros factores desencadenantes en perros predispuestos, aunque menos frecuentes, son los cambios en su rutina, como por ejemplo, cambiar repentinamente de casa, modificar la cantidad de horas que el perro se queda solo (para más o para menos), etc.

¿Qué comportamientos conlleva el hiperapego?

Bajo el efecto del estrés, los perros que sufren de hiperapego, pueden realizar distintos comportamientos indeseados, incluyendo: gran actividad motora (caminar o correr sin parar, saltar y/o rascar puertas o ventanas, morder objetos o mobiliario), vocalización excesiva (lloros, quejidos, aullidos o ladridos persistentes) y orinar o defecar en sitios no habituales.

En tu presencia, tu amigo reclama siempre tu atención. Apoyando la cabeza en tu regazo cuando estés sentado, saltando encima tuyo con las patas delanteras, llorando mientras te mira fijamente y menea la cola, siguiéndote por toda la casa y esperándote detrás de las puertas cuando estas se cierran, mirándote con ojos apenados … Siempre tocándote o estando a unos escasos centímetros de ti. Con gestos y actitudes excesivas en todo momento pero, sobretodo, tanto antes como después de tus ausencias.

No se vayan todavía, ¡aún hay más!

Super Ratón

Por si no fuera poco convivir con un amigo pesado de mucho cuidado, los problemas se agravan cuando empezamos a dejar a nuestro perro solo en casa, ya que él no comprende por qué se le “abandona”, porque no se le ha enseñado debidamente y empieza a sufrir un estrés que descarga sobre los objetos materiales, llegando incluso en fases más avanzadas a hacer sus necesidades en casa.

Además, las nulas capacidades sociales de tu amigo dificultarán su relación con otros perros, ya que en su presencia tu amigo se excita muy rápido, en apenas unos segundos pasan de cero a cien, y bajo el nerviosismo pierden el autocontrol y las formas y producen un rechazo importante en otros perros.

Refuerzo de las conductas de apego

Algunas de nuestras actitudes del día a día, de manera involuntaria, refuerzan la dependencia de tu amigo. ¿A quién no le gusta al llegar a casa y dejarse comer a lametones por su perro? O, ¿quién no se despide afectuosamente de su mascota al salir de casa diciéndole palabras de calma como “no te preocupes, volveré, tranquilo”? Dentro de las relaciones humanas, situaciones como estas son comunes y palabras alentadoras son bienvenidas, pero es que tu amigo es un perro, te guste o no.

Durante la educación de nuestro amigo debemos tener siempre en cuenta que el lenguaje de cada especie animal es único y, por esto, la forma de comunicación humana puede acabar transmitiéndole una idea equivocada a nuestro perro.

Saludarlo festivamente cuando llegamos a casa o calmarlo con palabras dulces antes de salir puede reforzar su apego. De la misma manera, darle atención siempre que él la reclame refuerza cada vez más esta necesidad de atención.

Un animal que tiene una enorme hambre social se conformará con una mínima interacción con su propietario para disminuir su angustia. Un perro con hiperapego podría conformarse con un grito o con un empujón tuyo. Es tanta su necesidad de contacto que podemos reforzarlo aun cuando le reñimos.

Las actitudes del propietario que pueden significar para un perro con hiperapego “contacto social”, y que hay que evitar, ya que pueden reforzar su apego cuando se realizan mientras tu amigo está ansioso, son:

  • Hablarle, consolándole o riñéndole
  • Mirarle a los ojos
  • Tocarle
  • Apartarle con la mano o con la pierna
  • Acariciarle
  • Darle comida

Signos de estrés crónico

Los signos de estrés crónico en un perro que sufre hiperapego de forma prolongada son:

  • Lloros, temblores, hiperactividad, falta de concentración o atención y dormir en exceso.
  • Mayor frecuencia de micción y defecación, vómitos, diarrea, estreñimiento.
  • Automutilación, aseo excesivo, trastornos cutáneos.
  • Comportamientos compulsivos: ladridos, perseguirse la cola, …
  • Conductas de desplazamiento.
  • Señales de calma.

Control de la dependencia emocional

La dependencia emocional posee un gran abanico de factores que contribuyen a sustentarla. Por este motivo, no existe una única fórmula mágica para mejorar su estado. Es necesario trabajar las distintas piezas que componen el engranaje. Cada una es complementaria y muy importante.

  • Disminución del apego.
  • Evitar castigos mal aplicados.
  • Establecimiento de una comunicación clara que no le genere dudas.
  • Refuerzo positivo de las actitudes deseadas.
  • Enriquecimiento ambiental cuando esté solo.
  • Desensibilización a los rituales de entrada y salida.
  • Contracondicionamento a las salidas.

Conceptos a asimilar:

No tenemos ante nosotros un perrete “malo”, “vengativo” o “rencoroso”, ni sabe que lo que ha hecho está mal por adoptar posturas de sumisión a nuestra llegada a casa. Entender esto es fundamental para avanzar en el tratamiento de este proceso.

La ansiedad que sufre nuestra mascota al verse separado de nosotros provoca en él un estrés que encuentra como única vía de escape la destrucción, no lo hace como castigo hacia nosotros por dejarle sólo.

Tampoco “sabe lo que ha hecho”, sino que asocia nuestra llegada a casa con el castigo, porque ha sido así siempre y, para evitarlo, nos muestra sumisión (cabeza gacha, rabo entre las patas, …). El castigo se asocia con nuestra llegada a casa, no con el hecho de haber destruido mobiliario. Es imperativo no reñir ni castigar al animal en estos momentos. Aunque cueste.

Todos los habitantes de la casa deben tener el compromiso e ir a una, ya que en caso contrario, sólo conseguiríamos confundir aún más a nuestro amigo.

Este compromiso ha de ser permanente, ya que de eso depende la evolución de la mascota.

Habrá determinadas situaciones que resultarán difíciles de llevar a cabo, por eso hay que centrarse en nuestro objetivo final, que es la mejoría del estado de ansiedad de nuestro amigo y, con ella, nuestra tranquilidad dejándole sólo en casa, entre otras situaciones que nos incomodan o dificultan la convivencia.

Es fundamental tener paciencia, tanto con el perrete a la hora de llevar a cabo los ejercicios, como con el transcurso del tiempo. No frustrarse.

Modificar estas conductas conlleva un tiempo hasta que se empiezan a ver los resultados.

Los animales aprenden más, y más rápido, si practicamos con ellos el refuerzo positivo, es decir, recibir “premios” cuando su conducta es apropiada.

Como premio entendemos, bien comida, bien nuestra atención (unas breves palabras de afecto, caricias, atención e incluso juego); siendo la manera correcta de instaurar un castigo, realizar una señal (un chasquido de dedos o un gruñidito junto un gesto con la mano pidiéndole calma, por ejemplo) e ignorarlos a continuación. No nos valen largas explicaciones contándoles por qué está mal lo que han hecho, ni el castigo físico ni encerrarlos durante horas.

Darles explicaciones de lo que han hecho mal supone mirarles y hablarles.

Es decir, prestarles atención. Y lo que lo que inicialmente es un castigo, tu perro lo interpreta como algo positivo, ya que sea lo que sea lo que haya hecho, ha conseguido atraer tu atención.

El castigo físico tampoco está indicado, especialmente en casos de ansiedad, ya que podemos provocar defensión agresiva y, con ella, complicar aún más la resolución del problema.

Los castigos prolongados en el tiempo tampoco tienen un sentido, ya que pasados unos minutos, ellos no recordarán el por qué están ahí. Es necesario comprender bien este punto, ya que es fundamental tener claro qué es un premio para el animal y qué no lo es, y de esta manera cuándo está indicado proporcionar dicho premio y cuándo no.

Estamos ante un problema de salud del animal, aunque no sea tan evidente como una infección de piel o una fractura de un hueso, no por ello es menos importante.

Aún cuesta trabajo aceptar que nuestras mascotas puedan tener problemas de comportamiento. Es por eso que muchas veces nos encontramos ante casos tan cronificados en el tiempo que tienen un pronóstico bastante reservado, ya que cuanto más tiempo transcurre, más difícil es llevar a cabo la pauta de modificación de la conducta y se obtienen resultados menos satisfactorios.

Recomendaciones

Cognitivas:

  • Estar siempre tranquilo en su presencia.
  • Mantener una actitud distante con él.
  • No mirarle a los ojos.
  • Reclamar tu espacio, tu zona de confort, en todo momento.
  • No responder a sus exigencias. Dadle la espalda cuando insista.
  • Realizar movimientos lentos.
  • No dormir cerca de él.
  • Acariciarle de manera breve cuando esté tumbado en su sitio tranquilamente.

Ambientales:

  • Incrementar el ejercicio, especialmente antes de quedarse solo.
  • Estimulación del entorno con juguetes para morder.

Metodológicas:

  • Realizar ejercicios de obediencia para que responda a las órdenes de sentado y quieto e ir acostumbrándolo a estar lejos del dueño y para controlar la excitación al regreso.
  • Desritualización de las entradas y salidas ignorando al perro 20 minutos antes de irse y lo mismo al regresar, no haciéndole caso hasta que se calme y esté tranquilo.
  • Desensibilización a las señales de partida (tomar las llaves, abrir y cerrar la puerta, etc.), realizándolas pero no saliendo realmente del hogar.
  • Habituación a quedarse solo ausentándose el dueño por períodos muy breves y aumentando el tiempo gradualmente.

Bibliografía

La formación del apego entre perro y hombre –Amics–
La conducta destructiva de los perros –Mascotas Foyel–
El Rincón del Cachorro. Ansiedad por separación –Clínica Veterinaria Sabuesos–
Ejercicios para el control del apego –Centro Veterinario Aljarafe Norte–