Una buena manera de afrontar sus miedos y sus manías persecutorias es hacer que tu perro les dé la espalda. Literalmente.

Si a tu perro le gustaría llegar a las manos con uno, varios o todos los perros con los que se cruza, o bien, todo lo contrario, les tiene miedo. Si vives en una zona donde es costumbre que en los terrenos de las casas hayan perros territoriales que ladran cuando pasáis y eso le pone nervioso y excita. Un buen ejercicio para estos casos es sentarlo de espaldas a los otros perros, a escasos metros, y mantenerlo en esa posición hasta que percibamos que se haya relajado. Fíjate en sus orejas, y recuerda, si las enfoca hacia adelante aún está en alerta, en tensión; si las enfoca hacia detrás, es bien.

Si te sientas o te pones de cuclillas a su lado, también de espaldas a su “problema”, estarás reforzando ese comportamiento, apoyándole, transmitiéndole tu tranquilidad. No dejes que mire atrás. No dejes que se base en su vista.

Sino consigues que se vaya relajando pasados unos minutos –variará en función del estado de tu perro, de su personalidad y de tu actitud–, túmbalo de lado, también de espaldas a sus problemas.

No creas que después de hacer este ejercicio una sola vez tu perro ya cambiará la manera de comportarse en ese escenario o similares. Hazlo siempre, las veces que hagan falta, cada día, que no te importe cuánto tiempo tengas que dedicar. Llegará el día en que, sin darte cuenta ni esperarlo, notarás el cambio en su actitud. Habrás reforzado su confianza.