Su comida es tuya, recuérdaselo. No dejes le dejes empezar a comer hasta que tú le des la señal. No te cuesta nada y estarás reforzando tu posición en vuestra relación.

Siempre que sea posible, rellena su comedero en el suelo en lugar de en una mesa. Hazlo sin prisa y delante de sus morros. Y no permitas que se acerque. Debe saber esperar a no menos de un metro, aproximadamente. Si se acerca, marca tu zona de confort protegiendo el comedero usando tus piernas enfocándolas hacia a él para hacerle retroceder. Hazlo de manera tranquila pero firme. Cuando haya retrocedido y mantenga su posición, sigue rellenando el comedero. Repite el proceso siempre que se acerque, las veces que hagan falta. No dejes que te gane.

Una vez servida la comida, no dejes que empiece a comer automáticamente. Si se acerca sin tu consentimiento, reclama de nuevo el recipiente. Sitúate entre la comida y tu perro, y usa las piernas para marcar tu zona de confort y hacerle retroceder. Es muy importante que no te pongas nervioso aunque llevéis varias intentonas. Si tú te pones nervioso, él se pone nervioso.

Espera unos segundos largos antes de darle permiso para empezar comer y hazlo gesticulando con la mano, siempre de la misma manera, no hace falta que verbalices tu aprobación, recuerda que tu perro no ha estudiado idiomas en la universidad de Massachusetts. Hazlo cuando le sientas tranquilo, no antes. Si eres un palo gesticulando o tu perro se emboba mirando al vacío, acércale tú el comedero a su posición, despacio, justo delante de él.