La convivencia con un perro que sufre ansiedad por separación es muy complicada. Dejarlo solo, aunque sean solo cinco minutos, supone un gran problema. Para él (que padece la ansiedad) y para ti (que la sufres). Pero con dedicación puedes ir minimizándola y llegar a erradicarla.

Aclarar que, hay entendidos que consideran que sólo puede hablarse de ansiedad por separación si existe un “hiperapego“, es decir, que el perro busca constantemente el contacto con algún o varios miembros de la familia, y que para el resto de problemas debería utilizarse otra terminología.

Como soy un outsider, cuando me refiero a la ansiedad por separación hablo del problema que implica dejar solo en casa a nuestro amigo de cuatro patas. Porque se pone nervioso, llora, ladra, araña la puerta, se mea donde quiere, destroza muebles, rompe cosas, hace graffitis, o todo a la vez.

Para revertir esta situación en la que os encontráis y mejorar notablemente vuestra relación y convivencia, vas a tener que tener mucha paciencia y dedicación, no marcarte plazos para su recuperación, ya que será paulatina en función de muchos factores, y aportarle toda la tranquilidad y confianza que a él le faltan. Todos los días.

Aquí van algunas ideas de hábitos, ejercicios y rutinas que podéis poner en práctica para mitigar su ansiedad por separación.

Saludaros tranquilamente. Cuando os reencontréis, después de haber pasado unas horas o incluso unos minutos sin veros, no le montes un Desmadre a la americana ni una Fiesta de graduación ni un Desfile de carnaval bailando a ritmo de samba. O bien, ignóralo; o bien, hazle un saludo breve con la mano, como diciendo “ya te he visto”, y sigue con lo tuyo.

Reclama la puerta del hogar. Cuando tu perrete se acerque a ella, ya sea porque vas o vais a salir, porque ha escuchado a algún vecino o porque quiere tumbarse a su lado para descansar, por el motivo que sea, usa tus piernas bien firmes y tu espalda bien erguida para hacerle retroceder. Con calma pero firme. Protege la zona de confort de la puerta. Contra más lejos lo mantengas de ella, mejor.

No le dejes cruzar nunca una puerta primero. Cuando te muevas por el hogar, si te sigue, no le dejes nunca entrar o abandonar una habitación antes que tú. Y una vez lo hayas hecho tú, hazle una señal para darle permiso a él. Si le pides que no te siga y te espere en su rinconcete o en una habitación contigua, también es bien.

Hazle hacer mucho ejercicio a diario. Más. Aún más. Agótalo. Reviéntalo. Que te pida clemencia. Que le cuelgue la lengua por un lateral de la boca durante un rato largo. Que, a la que os paréis durante el paseo, se tumbe derrotado. No tengas piedad de él. Saca al Personal Trainer que llevas dentro. La calle es vuestro gimnasio.

Cánsale la cabeza. Practicar juegos o ejercicios donde tenga que pensar. Hazle buscar sus juguetes o golosinas escondidas por la casa, el parque o el bosque donde vayáis a pulular. Escóndeselos cada vez en un sitio diferente. Haz que su olfato y su memoria se pongan las pilas y deje de tener tan presente sus inseguridades.

Deja la puerta de tu hogar entreabierta. De manera progresiva, durante unos minutos al día, deja la puerta abierta y entra y sal de casa intermitentemente pidiéndole calma y reclamando la puerta cuando sea necesario. En este caso, procura no mirarle a los ojos. Intenta entrar y salir sin preocuparte de él, como si no estuviera. Ignóralo y haz vida de rellano.

Pídele siempre calma chicha. En cualquier situación. Y si tu amigo pierde los papeles y la excitación y los nervios le superan y no es capaz de seguir tus indicaciones, túmbalo completamente de lado y no dejes que se levante hasta estar relajado y después de haber recibido una señal por tu parte. Bienvenido a la WWE Raw.

Trabaja el desapego. Es fácil que tu perro quiera descansar siempre cerca de ti, tocándote los pies mientras duerme, pendiente de lo qué haces o dejas de hacer, espiándote el WhatsApp. Evítalo. Mantén las distancias y pon una contraseña difícil en tu móvil. Procura que respete tu espacio vital. Practicar diariamente el ejercicio de pasar cierto tiempo cada uno en una sala diferente del hogar.

Decir no a la cariñitis. Unas pocas y breves carantoñas con calma cuando está relajado le ayudarán. Pero si te pasas querrá más y, entonces, cuando pares de rascarle te buscará de manera nerviosa para que le rasques más. Y te pedirá que le fíes alguna rascada. Y le pedirá temblando a cualquiera que le rasque. Modera tu cariño hacia él, no le vuelvas un adicto.