Un buen ejercicio a la hora de corregir una bronca entre dos perros de tu manada una vez separados, es tumbarlos completamente de lado, espalda con espalda, y mantenerlos en esa posición durante unos minutos largos demostrando una actitud dominante frente a ellos.

No dejes que se reincorporen, ni tan siquiera la cabeza. Los carrillos de ambos perros deben tocar el suelo en todo momento. Igual que sus espaldas. Si intentan reincorporarse, da una palmada o suelta un rebuzno (eh!, shhh!) si tu posición jerárquica te lo permite. De lo contrario, deberás presionar con tus dedos en forma de garra su cuello hasta que se hayan calmado.

Sabrás que tus perros se han tranquilizado cuando sus cuatro patas dejen de estar tensas y las reposen también en el suelo. A medida que se vayan relajando reduce la presión de tus dedos en su cuello para acabar incorporándote.

Camina poco a poco a su alrededor, mírandolos a los ojos con enfado. Todo el que tengas, no te guardes nada. Un soplido seco por la nariz a dos palmos de su cara –procura haberte mocado antes– o un buen pisotón en el suelo de tanto en tanto, aunque te sientas ridículo, ayudan. Ayudan a demostrar tu fuerza sin demostrarla. La ley de la selva es así.

Una vez ellos se hayan calmado, ahora te toca a ti. Relájate, ya lo tienes todo bajo control. Ponte de cuclillas junto a ellos, acarícialos de manera tranquila y dales alguna golosina para recompensar esa situación, ese estado. Incorpórate de nuevo y mantente de pie a unos metros de ellos pero no dejes que ellos se reincorporen. Siempre espalda con espalda y carrillo contra el suelo. Procura mantener ese estado unos minutos largos más.

Ahora toca volver a confiar en ellos. Hazles una señal para que se levanten y usa tus piernas para enviarlos a uno para cada lado. Intenta evitar que sus miradas se crucen durante unos minutos. No vayas pensando que se van a volver a enganchar. Y si lo hacen, no pasa nada. Vas a repetir el ejercicio las veces que hagan falta. En no muchas puestas en escena de tu dominancia, tus amigos acabarán entendiendo que quién parte el bacalao en la manada eres tú.